A esta isla, fría, sólo le espera un futuro incierto, y cada día está más sepultada en la nieve de esta ventisca.
Mientras tanto, en estos tiempos de abstinencia, se hace difícil arreglar los huecos de las cabañas para que no entre el viento, porque el pobre no tiene ropa suficiente para protegerse del ambiente y es forzado a co-existir en este lugar sin comida, algunos incluso llegan al punto de hacerse pasar por muertos para poder conservar su existencia otra temporada.
Sin embargo, los muertos vivientes nunca pierden la esperanza, porque cada mañana escuchan una canción desde el claxon de los hombres grises, y recuerdan que fue escrita en una época donde esta isla estaba habitada por hombres descendientes de un volcán, que tenían lava en sus venas, eran seres que pelearon contra otros imperios del invierno, para liberarnos de las cadenas de acero.
Y así algún día acabará la tormenta de hielo y volverá a hervir la sangre del pueblo al punto convertirse en magma ardiente, entonces comenzará el verano y se formarán equipos de los indomables descendientes del fuego, quienes buscarán la libertad y su fuerza será tal que crearán una utopia en este pedazo de tierra, y las masas serán testigos que en su sangre persiste la esencia del fuego.